¡Momentos conmovedores! Bajo el calor abrasador, pinchados con ganchos metálicos, con cadenas que se hunden en su carne: esta es la сгᴜeɩ realidad del turismo con elefantes en Tailandia. La gente une fuerzas para salvarlos.

 

Bajo el sol ardiente, perforados con ganchos de metal, y con cadenas que les cortan la piel: así es la сгᴜeɩ realidad que sufren los elefantes explotados en el turismo en Tailandia.

El turismo relacionado con elefantes en Tailandia es una industria que mueve más de 415 millones de libras al año. (Imagen: Save Elephant Foundation)

Muchos turistas, sin saberlo, participan en su sufrimiento. En Tailandia existen más de 200 lugares donde se explota a elefantes de forma poco ética, y donde los visitantes se toman selfies o montan sobre sus lomos para recorrer la jungla.

Este negocio multimillonario se basa en arrancar a las crías de sus madres y quebrantar su espíritu con una crueldad estremecedora para convertirlas en meras oportunidades fotográficas. A pesar del trato salvaje, una propuesta del gobierno británico para prohibir la promoción de estos lugares turísticos fue pausada a principios de este año.

El proceso mediante el cual las crías son llevadas a campos de entrenamiento secretos, donde son golpeadas, privadas de alimento y torturadas, se llama “pajan”.

El primer paso consiste en encerrar al elefante en una “jaula de aplastamiento” o kraal: una estructura de madera tan estrecha que el animal apenas puede moverse. Luego, los entrenadores lo privan de sueño durante días y lo golpean con herramientas de madera diseñadas para causar el mayor dolor posible. Esta brutalidad se prolonga durante al menos seis meses, todos los días, hasta que el elefante se rinde completamente.

Aproximadamente la mitad mueren durante el proceso. Los que sobreviven son obligados a dar paseos a turistas, realizar trucos en espectáculos o desfilar con disfraces llamativos.

El diario The Express viajó a Tailandia para investigar el sufrimiento de estos animales. Uno de los últimos lugares visitados fue el zoológico abierto de Khao Kheow, en Chon Buri, donde se obliga cruelmente a los elefantes a “bailar” bajo el agua, moviendo la cabeza dentro y fuera del líquido. Del otro lado del cristal, cientos de hombres, mujeres y niños aplauden y graban el espectáculo con sus teléfonos.