Lo dejaron encadenado, bajo el sol abrasador, sin una sola pizca de comida. Durante días, su estómago rugía de dolor… pero lo peor no fue el hambre, sino la burla cruel de aquel que debía protegerlo.




El maestro —con una sonrisa torcida— le lanzó un trozo de pan… solo para quitárselo frente a sus ojos. Un juego macabro que se repitió día tras día, mientras su cuerpo se debilitaba y sus ojos se apagaban.
💬 “Hay que ser de piedra para hacerle eso a un ser vivo… Esto no es disciplina, ¡es tortura!”
💬 “Ojalá nunca más vuelva a tener poder sobre nadie.”