Ocurrió en segundos⊠el pequeño, exhausto, se desplomó junto a las patas encadenadas de su madre. Su débil trompa buscaba consuelo, pero las cadenas que aprisionaban a la madre eran mås fuertes que cualquier abrazo.
El silencio cayó sobre la multitud. Ni risas, ni aplausos⊠solo miradas heladas y corazones rotos. Era imposible seguir fingiendo que aquello era entretenimiento.








đŹ âNo puedo creer que alguien pueda pagar por ver sufrimientoâŠâ
đŹ âEse momento deberĂa ser el fin de este tipo de espectĂĄculos para siempre.â