Estaba solo en el parque, acostado sobre el césped seco como si el mundo ya no tuviera nada más que ofrecerle. Su cuerpo era delgado, frágil, apenas una sombra de lo que alguna vez fue. Sus ojos, apagados por el dolor y la tristeza, miraban sin esperanza. Había sufrido en silencio durante mucho tiempo, sin comida, sin refugio… y sin una mano amiga.
