Perdidos, solos y con heridas que amenazaban sus vidas en la sequía que azotaba la sabana, el futuro parecía oscuro para estos dos elefantitos huérfanos.
Bumi, de solo un mes, había quedado atrapado entre rocas y sufrió quemaduras graves por el sol antes de ser rescatado por la experimentada cuidadora de animales Roxy Danckwerts, de 53 años. En otra tragedia, Kadiki, atacada por un león cuando tenía apenas un día de vida, sufrió heridas profundas en su trompa y daños terribles en su cola. Normalmente, los pequeños elefantes se protegen bajo la sombra de sus madres.

Con amor y paciencia, Roxy y su equipo cuidaron de estos frágiles seres. Kadiki recibió cirugía para amputar parte de su cola y tratamiento en su trompa, mientras que Bumi, después de su rescate, comenzó a mostrar una personalidad traviesa y un gusto especial por jugar con neumáticos. Ambos, ahora en la guardería apoyada por el Fondo Internacional para el Bienestar Animal cerca de Harare, han dado pasos enormes hacia la recuperación, aprendiendo a caminar de nuevo y explorando su entorno con curiosidad y alegría.

“Eléphants son increíblemente inteligentes, con necesidades físicas y emocionales que no se comparan con otros mamíferos”, explica Roxy, quien ha rescatado más de 20 elefantes en los últimos cinco años. Lo que les sucedió a sus madres sigue siendo un misterio, pero la dedicación del equipo asegura que estos pequeños tengan una segunda oportunidad en la vida.

Hoy, Kadiki y Bumi ya no son los bebés vulnerables que llegaron. Sus travesuras, risas silenciosas y pasos seguros inspiran a todos los que los ven: una historia de resiliencia y amor incondicional.

Staff at the nursery say Bumi is now ‘almost unrecognisable’ from his arrival, has developed a mischievous personality and loves playing with tyres


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